jueves, 3 de enero de 2013

El dibujo como medio de comunicación


EL DIBUJO COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN MASIVO

Por: Lic. Mario Alexis Ayala





El dibujo es un instrumento de comunicación de primer orden.
En todos los tiempos, en todas las culturas y en cualquier edad.
Como todo lenguaje desempeña diferentes funciones, desde aquella cuyo objetivo es identificar un objeto o una imagen mental hasta la que, ahondando más, permite transmitir intenciones.

Estados de ánimo y sentimientos.

Las diversas técnicas utilizadas por el dibujante, unas intuidas y otras aprendidas.
Posibilitan esta variedad de funciones.
Con su ayuda, el dibujante logra plasma la realidad tal como es, tal como la ve o tal como la siente.
A continuación tratare sobre el dibujo buscando sobre todo la capacidad expresiva de cada una de ellas.

Los elementos gráficos en el dibujo expresivo
Conocimientos básicos
Para representar los objetos y las formas del en­torno por medio del dibujo de libre expresión, es necesario poseer una serie de conocimientos bási­cos. Estos pueden clasificarse en tres grandes gru­pos:
• Los elementos gráficos y su sintaxis.
• El volumen y el espacio en la representación gráfica.
• Las técnicas gráficas.

El punto
En dibujo y en pintura el punto no tiene dimensión ni forma establecida. Puede ser un elemento
protagonista en la composición —un círculo o una mancha que se destaquen aisladamente de los demás elementos de la obra— o una pequeña huella casi
Imperceptible.
Aplicaciones del punto en el dibujo expresivo
Las funciones esenciales que cumple el punto en el dibujo creativo son, entre otras, la creación de texturas y la creación del volumen.

Los elementos gráficos
Se consideran elementos gráficos todos aquellos componentes simples que estructuran y dan cuerpo a un dibujo.
Los más utilizados son: el punto, la lí­nea, la mancha, la textura y el color.
Cada uno de estos elementos puede utilizarse en una doble dimensión: una objetiva y técnica, orien­tada más a representar con exactitud los objetos, y otra subjetiva y creativa, orientada más a expresar las emociones del autor.
Esto no significa que las dos dimensiones sean excluyentes, puesto que en muchas ocasiones se complementan entre sí. Esta integración de las dos variantes, técnica y creativa, se da en numerosas aplicaciones del dibujo. Hay disciplinas que requieren del uso de construcciones geométricas para su planteamiento, así como del empleo del color, de las texturas... para su resolu­ción final.

La línea
La línea es el elemento gráfico esencial del dibujo. Sirve para describir, concretar y fijar la apariencia de las formas tangibles y también para dar cuerpo a todo aquello que sólo existe en la mente del autor.
Con la línea se dibuja el contorno de las cosas y se delimitan las formas, concretas o abstractas. Sin embargo, si observamos cualquier objeto, vemos que no existe ningún tipo de línea que defina su con­torno y que éste queda delimitado por la diferencia de color existente entre el objeto y el fondo sobre el que se sitúa. Por lo tanto, se puede afirmar que la lí­nea de contorno es un artificio ideado por el hom­bre para hacer posible la representación dibujística.

Tipos de línea
La línea de contorno se puede clasificar en conti­nua o discontinua y en visible o no visible.
El dibu­jante usará una u otra atendiendo a la expresividad, la intención plástica o el carácter que quiera dar a su obra. La línea se puede dividir en grafismos y trazos.
Se llaman grafismos a aquellas líneas que mantie­nen el mismo grosor en toda su extensión, como si estuviesen dibujadas con estilógrafos u otros instrumentos que controlen su espesor con precisión.
Por el contrario, los trazos son las líneas que no mantienen la homogeneidad y cuyo grosor aumenta o disminuye a lo largo de su recorrido, como si hu­biesen sido trazadas con pincel, carboncillo o rotula­dor variando la posición de la punta.

Aplicaciones de la línea en el dibujo
Además de la utilidad antes mencionada, las apli­caciones de la línea en el dibujo creativo son muy nu­merosas; se emplea para encajar, para crear texturas, volumen, espacio, para estructurar una superficie, do­tar de ritmo a la composición...

Elementos de sensibilización de superficies
La mancha
La mancha es la parte de la superficie pictórica o dibujística que tiene un color, una oscuridad/ luminosidad o una textura distintos a los del resto de la obra.
Es un recurso expresivo muy utilizado por los pintores y confiere al cuadro sensación de frescura, de espontaneidad y de libertad creativa.

Aplicaciones de la mancha en el dibujo expresivo
La mancha sirve para estructurar superficies, pa­ra encajar, para crear volumen o espacio. Posee evi­dentes ventajas frente a otros elementos del dibujo, pero también inconvenientes manifiestos. Entre las ventajas se encuentran la rapidez en la ejecución de la obra y la expresividad fácil e inmediata. Entre los inconvenientes, hallamos una mayor dificultad de aplicación para los principiantes.
Al ser la mancha un elemento más gestual que la línea o el punto, pro­porciona menor exactitud que éstos a la hora de en­cajar, de valorar el claroscuro y de crear efectos es­paciales o volumétricos.

La textura
En el dibujo, la textura es siempre visual, bidimen­sional y no perceptible al tacto. Dota de gran expre­sividad a las superficies a las que se aplica.
Existen tramas impresas presentadas en papel opaco y en láminas transparentes autoadhesivas.
En estas tramas podemos encontrar estructuras geométricas o imitaciones al trazado irregular co­mo el que se podría obtener realizándolas a mano

Tienen mayor valor estético las texturas creadas por el dibujante, sujetas a su capacidad creativa y a su destreza manual.
Por lo general, presentan una ordenación irregular de los elementos que las com­ponen y son mucho más adecuadas que las primeras para la modulación tanto del volumen como de la luz de las figuras a las que se aplican.
El color
El intento de decidir qué es más importante en un dibujo, la línea o el color, ha generado históricamen­te opiniones enfrentadas.
Para muchos autores tra­dicionales la línea es realmente el elemento estructurador de las formas, mientras que el color cumple un papel meramente expresivo, sin valor configurador
En la actualidad, gracias a los descubrimientos de la teoría de los colores y a la evolución del arte mo­derno, se reconoce la importancia del tono y la ver­satilidad de sus aplicaciones, que la equiparan a la de la línea.
La aplicación del color en el dibujo no só­lo corresponde a la modulación de las formas, sino que también debe estar presente en el fondo de la obra para dotar así de coherencia al conjunto. Esto se puede obtener fácilmente utilizando soportes co­loreados.

Sintaxis de los elementos gráficos
La sintaxis y sus elementos
La sintaxis de una obra dibujística es el estudio de la relación que se establece entre todos los elemen­tos gráficos ylas leyes que los ordenan.

Los aspectos básicos de la sintaxis gráfica son los siguientes:
 La posición del soporte
Lo primero que se debe hacer antes de proceder al encajado de cualquier forma es elegir la posición que tendrá el soporte.
Para ello, observaremos dete­nidamente el modelo y estudiaremos las dimensio­nes predominantes.
Así, si la altura es superior a la anchura, situaremos el papel en posición vertical. Si, por el contrario, es la anchura la dimensión que pre­domina elegiremos la posición apaisada.

 La relación figura/ fondo
El segundo paso a seguir consiste en concretar a grandes rasgos la porción de superficie que va a ocu­par el dibujo, es decir, establecer la relación entre fi­gura y fondo.
Es conveniente, por lo tanto, marcar unos márgenes en el papel que delimiten el espacio que van a ocupar las formas. El margen superior de­be ser de mayor tamaño que el inferior con el fin de dar sensación de peso a la composición.
Un error muy frecuente entre los principiantes es no fijar de antemano la relación figura/ fondo, con lo que el dibujo suele resultar demasiado pequeño o demasiado grande para el soporte.

La medición de las dimensiones
Para ayudarnos a conseguir la proporción de las formas y establecer la relación entre las partes y establecer todo, podemos utilizar la longitud del lápiz.
Con el brazo bien extendido, situaremos la punta de lápiz en la parte superior del objeto que queremos y, con el dedo pulgar, señalaremos la parte inferior o base.
La medida así obtenida no sirve para trasladarla al papel, pero sí para asegurarnos de la correspondencia entre las dimensiones.
El brazo debe estar extendido al máximo en todo momento.
Las medidas se tomarán mirando el objeto con un ojo cerrado. Se medirá la altura total y, a continuación, girando el lápiz, se comprobará si esa magnitud es menor o mayor que la anchura. Se repetirá la operación con todos los objetos que componen el modelo y la relación de medidas obtenida servirá para ir encajando las formas.

El encajado
Una vez superados los pasos anteriores se puede proceder al encajado de las formas.
Se trazan los ejes de simetría, silos hubiera, de cada uno de los objetos atendiendo a la separación que hay entre ellos y a su posición espacial, que puede ser vertical, horizontal o inclinada.
Después, iremos situando a ambos lados del eje de simetría las proporciones que corresponden a ca­da una de las partes del objeto, dibujando general­mente con líneas rectas que encajen «perfectamen­te” las formas que queremos representar.
Es éste un proceso que requiere una comparación constante entre las medidas de las partes del objeto y la relación de dimensiones entre un objeto y otro.
A continuación, se procede a la concreción de las formas, dibujando las líneas curvas de los elementos.

El planteamiento expuesto no es el único posible:
se puede encajar también por medio de manchas o de líneas que marquen las direcciones del movimiento o del ritmo interno de la composición, sin embar­go, estos métodos encierran mayor dificultad.
Por otra parte, es útil tomar una parte de cualquier objeto como módulo o unidad de medida y, partiendo
de él, proporcionar el resto del conjunto. En ese caso pueden hacerse preguntas como éstas: ¿Cuántas veces está contenido el módulo en la anchura o altura
Objeto al que pertenece? ¿Y cuántas, en la altura o de otros objetos?.

 representación subjetiva del volumen y el espacio
El volumen y el claroscuro
Cualquier forma representada sólo por su contorno se visualiza sin volumen, es decir, plana, pero silo que pretendemos es crear sensación de volumen en el di­bujo, tendremos que recurrir al empleo del claroscuro.
El claroscuro es el juego de luces y sombras pre­sente en cualquier representación gráfica. Su finali­dad esencial es la de modelar las figuras fingiendo la tridimensionalidad que le falta al soporte plano.

Las luces y las sombras
En toda forma iluminada se pueden distinguir di­ferentes zonas de luces y de sombras.
En el dibujo se resuelve su representación aplicando los diferentes valores de las escalas cromáticas y acromáticas, se­gún se trate de dibujos en color o en blanco y negro. Por esta razón, el aplicar correctamente las luces y las sombras en un dibujo recibe el nombre de valorar o entonar.
Generalmente, sobre el cuerpo a representar se encuentran las zonas de luces y sombras siguientes:
• La zona iluminada, que corresponde a la superfi­cie que recibe la luz directamente.
• La penumbra, que es una zona contigua a la ante­rior, que al recibir los rayos luminosos de forma amortiguada presenta una sombra clara.
• La sombra propia del cuerpo, que es en donde se registra la máxima oscuridad del mismo.
• En algunos casos aparece el reflejo, que es una pe­queña extensión cercana al contorno del cuerpo y débilmente iluminada por los rayos que reflejan las superficies próximas a él.
• La sombra arrojada, que es la que proyecta el pro­pio objeto sobre los cuerpos o las superficies ad­yacentes.
Se puede valorar o entonar un dibujo utilizando cualquiera de los signos gráficos, desde el punto has­ta las texturas, pasando por la línea, la mancha, etc. Cada uno de estos elementos proporcionará a la obra una expresividad particular y es el autor el que debe decidir a cuál recurrir en función de su inten­cionalidad plástica.
Para llegar a dominar la técnica de entonación de un dibujo es muy conveniente dibujar varias veces un mismo objeto aplicándole el claroscuro mediante la utilización de puntos, manchas, texturas, etc.

El espacio
El problema de la representación espacial sobre el plano del cuadro es una constante a lo largo de la historia de las artes plásticas. Desde los hombres prehistóricos, que dibujaban sobre los relieves y oquedades de las rocas para dotar de volumen a sus pinturas, hasta obras contemporáneas, en las que se rasga el lienzo para romper su bidimensionalidad, la historia de la pintura y del dibujo ha pasado por una serie de etapas presididas por la búsqueda de la ma­terialización del espacio físico sobre el soporte.

Ya hemos visto que el empleo del claroscuro ayu­da a la representación volumétrica de las formas y, en ocasiones, crea también efectos espaciales. No obstante, hay otros métodos que producen en el es­pectador una ilusión espacial más acentuada que el simple uso del claroscuro. Uno de los métodos más.

Utilizado por los pintores y los dibujantes es el siste­ma cónico o perspectiva cónica, tanto en su variante lineal como aérea.
Los fenómenos perceptivos que colaboran a au­mentar la sensación de espacio son los siguientes:

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